22Noviembre2017

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El protocolo en el teléfono

Las reglas de etiqueta al hablar por teléfono son desconocidas para muchas personas, pero vitales para dar una buena imagen

En algunas ocasiones, la primera impresión que da una persona tiene lugar  a través del teléfono. El timbre de voz, la velocidad a la que se habla y el lenguaje que se emplea pueden hacer que su imagen sea muy positiva o, por el contrario, totalmente negativa. Por ello, resulta muy recomendable poner en práctica algunas reglas sobre la etiqueta telefónica.

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  • Escrito por Autor: Sara Santoyo
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La elegancia...sin más

Es frecuente considerar que las personas elegantes, tanto en mujeres como en hombres, son aquellas que visten bien, sin más. Yo, por el contrario, soy de la opinión de que elegantes, son aquellos que, además de vestir adecuadamente en cada momento y en cada lugar, nos producen esa sensación de agrado y bienestar no solo por su aspecto o imagen sino y esto es lo verdaderamente importante, por su personalidad, su conversación, su saber estar, en definitiva, por su naturalidad en cualquier situación.

Qué difícil es encontrar a alguien que reúna estas características y, en cambio, cuan corriente es encontrarnos en muchas situaciones con personas que se creen el no va mas de la elegancia pero que no pueden ni abrir la boca porque, cada vez que lo hacen, delatan su escasa formación, cultura, sensibilidad, etc.

En estos días de verano, en los que en razón de las vacaciones, del tiempo libre y de las ganas de disfrutar de las reuniones sociales de todo tipo, es fácil encontrarse con personajes que demuestran la opinión que aquí mantengo, es decir que no solo hay que aparentar elegancia sino que la elegancia se demuestra con otras cualidades.

Recientemente he pasado unos días de vacaciones en el sur de España y he podido disfrutar, entre otras, de una cena en la casa de unos amigos en una de las urbanizaciones de moda. Tal vez por mi afán, a veces algo crítico con el entorno en el que estás, disfrutaba viendo lo que sucede cada vez con más frecuencia hoy día en este tipo de reuniones sociales, donde ves llegar al elegante “de libro”, al que le han dicho que como se trata de una cena en el jardín hay que lucir tan informal, tan informal que casi aparece en pareo, cuando, naturalmente, la informalidad no consiste en acudir a una cena de tal guisa sino que, olvidando la rigidez de una cena- por ejemplo en una casa en Madrid – se asiste con ropa cómoda pero bien.
No faltaba tampoco el otro extremo, es decir, los súper vestidos, tanto ella como él, que hasta va con traje con chaleco, olvidando también que tan malo es quedarse corto como pasarse.

Curiosamente en estos casos, resulta divertido comprobar como más tarde y una vez ya sentados alrededor de la mesa, estas personas son incapaces de mantener una amena conversación pues aparte de banalidades, de poco más pueden hablar o conversar.

Pero, ¡siempre hay excepciones! y que gusto da y que a gusto te encuentras cuando, en esas mismas reuniones, te pasa como a mi que, tal vez por mi juventud y mi amistad con los anfitriones, me pusieron en una mesa donde me encontré con lo que yo denominaría él “elegante… sin más”.
Que gozada ver y escuchar a una persona que, a pasar de su complicada situación física, reflejaba una elegancia innata – iba impecablemente vestido para la ocasión con su camisa de hilo, remangadas las mangas, pantalones de color y mocasines – y fue, durante toda la noche, un animado conversador sobre cantidad de temas tanto sociales, sobre los que hablaba con absoluto conocimiento y no sobre informaciones de las revistas del corazón, como de actualidad nacional e internacional, como de aquellos otros nostálgicos que le hacían recodar tiempos inolvidables vividos en los veraneos familiares y de grandes y buenas pandillas en San Sebastián,

En definitiva, demostrando una vez más que frente a los fanfarrones y fatuos, que no son más que “aves de paso” y brillan poco más que una temporada, existen aquellos otros que como mi compañero de mesa en esta ocasión, allí donde están son capaces por si solos y  con la naturalidad que da el sentirse “elegante sin más” de hacer disfrutar a los demás de una velada inolvidable.

  • Escrito por Autor: Blanca Otamendi
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