26Septiembre2017

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Consistorio de cardenales: ¿para qué sirve un Cardenal?

El Colegio Cardenalicio es uno de los organismos más viejos que existen, con una historia de nueve siglos a sus espaldas. Muchos dentro de la Iglesia, y también fuera, se preguntan por el sentido que tiene esta institución hoy en día, y su falta de tareas concretas. En realidad, la tarea esencial y casi única de un cardenal es elegir el nuevo papa a la muerte del vigente. Los cardenales son quienes eligen al papa: ellos y nadie más que ellos. Pero el Colegio como tal no manda nada, e incluso durante el periodo de “sede vacante”, sólo puede tomar contadas decisiones de puro trámite. Benedicto XVI, consciente de esto, quiere renovar “el misterio” del colegio de cardenales. Antiguamente era el pueblo quien elegía a sus representantes eclesiásticos y ahora todo está centralizado en El Vaticano. Todo sale y se decide en la Santa Sede. Pero estas reformas con tanta envergadura requieren su tiempo.

El Colegio Cardenalicio está formado por todos los cardenales vivos, incluidos aquellos in pectore, cuya identidad, por diversas razones, casi siempre políticas y diplomáticas, no ha sido revelada. Otra cosa bien distinta es que no todos pueden entrar en el Cónclave: sólo aquéllos que no hayan cumplido los 80 años de edad podrán participar en la votación secreta.

Al recibir los símbolos de su dignidad (el birrete rojo púrpura que representa su compromiso a servir a la Iglesia “hasta el derramamiento de su sangre”, y el anillo que evocaEnseando_ttulo su fidelidad al Papa) los cardenales se convierten en titulares de una de las decenas de basílicas romanas y por lo tanto en sacerdotes de esta diócesis. Esto es algo simbólico, claro. Benedicto XVI modificó la ceremonia de creación de cardenales el pasado mes de enero, uniendo las dos celebraciones (birrete y anillo) en una sola. Hasta ahora se venían celebrando de manera independiente.

Todos los cardenales tienen el tratamiento de Eminencias Reverendísimas, equiparándose a los príncipes de las casas soberanas. De hecho,  el Sacro Colegio figura en la primera parte del Gotha. Por asimilación, los purpurados son llamados también “príncipes de la Iglesia”.

A día de hoy, el Colegio Cardenalicio está formado por 191 cardenales:

Cardenales creados por:

Mayores de 80 años

Cardenales electores

Total:

Pablo VI

4

--

4

Juan Pablo II

68

62

130

Benedicto XVI

12

45

57

Totales

84

107

191


El último consistorio de cardenales se celebró el 18 de febrero de 2012 y el Papa creó 22 nuevos cardenales.

¿Cómo se crea un cardenal?

1. Tras el saludo litúrgico, el Papa lee la fórmula de creación y proclama solemnemente los nombres de los nuevos Cardenales.
2. El primero de ellos (el de mayor edad) se dirige al Papa en nombre de todos.
3. Siguen la liturgia de la Palabra, la Profesión de Fe y el Juramento.
4. Cada nuevo Cardenal se aproxima entonces al Santo Padre y se arrodilla ante él para recibir el birrete cardenalicio y la asignación de un Título o Diaconía.
5. El Papa coloca el birrete sobre la cabeza del nuevo Cardenal y dice: “Esto es rojo como signo de la dignidad del oficio de cardenal...” Le entrega también el anillo.
6. El Papa asigna a cada Cardenal una iglesia de Roma (Titulo o Diaconía), como signo de su participación en el cuidado pastoral del Papa por la ciudad.
7. El Santo Padre entrega la Bula de Creación de Cardenales, asigna el Título o Diaconía e intercambia el beso de la paz.
8. Los Cardenales también intercambian el  mismo signo entre ellos.
9. El rito concluye con  la oración de los fieles, el Padrenuestro y la bendición final.

  • Escrito por Autor: Sergio Escalera
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honores

Honores al pasado imperial

Ante el fallecimiento de Otto de Habsburgo-Lorena y Borbón-Parma, primogénito del último Emperador de Austria, este país, hoy republicano, ha querido despedir con todos los honores al último vástago de la Casa de los Austrias que pudo ostentar el título de “Príncipe heredero” en 1916 al acceder al trono su padre Carlos.

Pese a que no ha sido un funeral de Estado, ya que Austria abolió la monarquía en 1918, en el entierro de Otto de Habsburgo y de su esposa Regina de Sajonia-Hildburghausen, fallecida en febrero de 2010, se ha respetado un minucioso ceremonial de índole imperial que suscitó el interés tanto nacional como internacional.

Asistieron a la Catedral de San Esteban, aparte de familiares y monárquicos, autoridades nacionales, reyes, príncipes, presidentes y primeros ministros. En representación de las distintas casas reales europeas estuvieron presentes: los Reyes  Carlos Gustavo y Silvia de Suecia; el Gran Duque Henri de Luxemburgo; el Príncipe Hans Adam de  Liechtenstein; la Infanta Cristina de España; la Princesa Astrid de Bélgica; el Príncipe Michael, sobrino de la reina Isabel II, y los ex monarcas Simeón de Bulgaria y Miguel de Rumanía. Acompañando al presidente austríaco, Heinz Fischer, estuvieron presentes el Presidente de Georgia, Mijail Sakashvili, los jefes de gobierno de Croacia, Jadranka Kosor, y Macedonia, Nikola Gruesvki, además de otras autoridades como el Presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek.

En el interior de la catedral se pudieron ver uniformes tradicionalistas y símbolos imperiales. El féretro de Otto de Habsburgo estaba cubierto por un paño amarillo y negro, los colores de la Casa Habsburgo, con el escudo de armas imperial.
Junto al Cardenal de Viena, Christoph Schönborn, que transmitió las condolencias del Papa Benedicto XVI, concelebraron el réquiem obispos de países como República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, o Serbia, que en su día formaron parte del Imperio Austro-Húngaro. Los hijos del fallecido recordaron en la misa el compromiso político y el ideario de quien fuera eurodiputado de la Unión Social Cristiana de Baviera y presidente de la Unión Paneuropea. La familia Habsburgo al completo tomó la comunión y la ceremonia terminó con el canto del Salve Regina.

La vistosa ceremonia recordó la grandeza de la Austria imperial, regida por la dinastía de los Habsburgo durante 640 años. El templo de estilo gótico estaba abarrotado de público, con una guardia tirolesa enfundada en cuero, miembros de dragones de caballería, representantes de los gremios estudiantiles vestidos de negro y ceñidos con espadín, y otros integrantes de cuerpos castrenses que se remontan a siglos atrás. Cabe destacar la interpretación del Himno Imperial en honor del emperador como uno de los momentos de mayor trascendencia  durante la celebración.

Tras la ceremonia, el féretro con los restos de Otto de Habsburgo, acompañado por ocho caballeros de la Orden del Toisón de Oro, abandonó la catedral y recorrió los casi 3 kilómetros hasta el templo de la Cripta de los Capuchinos (o también denominado “de los Emperadores” o “Imperial”) escoltado por cientos de personas luciendo vistosos uniformes de época, así como trajes típicos de muchas de las regiones que formaron parte del imperio austrohúngaro, incluyendo zonas eslavas, algunas de Croacia y hasta de la hoy italiana Trieste. Dicho cortejo fue abierto por una compañía de honores del ejército austríaco que desfiló a paso lento a los acordes de una banda de música militar. Al atravesar la Plaza de los Héroes, entrada al conjunto del Hofburg (el antiguo Palacio Imperial) fue saludado por una salva de 21 cañonazos.

A su llegada a la cripta, se celebró la tradicional ceremonia en la que un chambelán llamó por tres veces ante la puerta del recinto funerario: "¿Quién solicita entrar?" -pregunta un monje desde el interior-, a lo cual los acompañantes del cortejo responden enumerando la cantidad de títulos nobiliarios del difunto. La voz desde el interior lo rechaza: "No lo conocemos". En un segundo intento, se mencionan los logros obtenidos en vida. Pero tampoco da resultado. Finalmente, la puerta al reposo en el más allá es abierta cuando el monje escucha del solicitante que es “un simple pecador”. Paso seguido, y en una ceremonia reservada a los familiares, fueron enterrados los restos de Otto de Habsburgo y su esposa en el lugar donde yacen todos los miembros de la dinastía que dominó Europa Central durante más de 600 años.
La tradición marca que el corazón de los miembros de la casa imperial se deposite en la iglesia de los Agustinos, en Viena, pero en el caso de Otto de Habsburgo, por expreso deseo suyo, fue enterrado en Hungría, la otra “mitad” del imperio, en la Abadía de Pannonhalma, a unos 100 kilómetros de Budapest.

La misma Austria que terminó con la monarquía hace 93 años fue la que quiso honrar al último miembro de la Casa Habsburgo respetando el ceremonial de antaño como muestra de reconocimiento al pasado imperial que, innegablemente, más allá de sus defensores y detractores, forma parte de su propia historia.
  • Escrito por Prof. Gonzalo Alonso Melis
  • Visto: 1714
corpus

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  • Escrito por Autor: Mercedes Lobón
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