Honores al pasado imperial

Ante el fallecimiento de Otto de Habsburgo-Lorena y Borbón-Parma, primogénito del último Emperador de Austria, este país, hoy republicano, ha querido despedir con todos los honores al último vástago de la Casa de los Austrias que pudo ostentar el título de “Príncipe heredero” en 1916 al acceder al trono su padre Carlos.

Pese a que no ha sido un funeral de Estado, ya que Austria abolió la monarquía en 1918, en el entierro de Otto de Habsburgo y de su esposa Regina de Sajonia-Hildburghausen, fallecida en febrero de 2010, se ha respetado un minucioso ceremonial de índole imperial que suscitó el interés tanto nacional como internacional.

Asistieron a la Catedral de San Esteban, aparte de familiares y monárquicos, autoridades nacionales, reyes, príncipes, presidentes y primeros ministros. En representación de las distintas casas reales europeas estuvieron presentes: los Reyes  Carlos Gustavo y Silvia de Suecia; el Gran Duque Henri de Luxemburgo; el Príncipe Hans Adam de  Liechtenstein; la Infanta Cristina de España; la Princesa Astrid de Bélgica; el Príncipe Michael, sobrino de la reina Isabel II, y los ex monarcas Simeón de Bulgaria y Miguel de Rumanía. Acompañando al presidente austríaco, Heinz Fischer, estuvieron presentes el Presidente de Georgia, Mijail Sakashvili, los jefes de gobierno de Croacia, Jadranka Kosor, y Macedonia, Nikola Gruesvki, además de otras autoridades como el Presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek.

En el interior de la catedral se pudieron ver uniformes tradicionalistas y símbolos imperiales. El féretro de Otto de Habsburgo estaba cubierto por un paño amarillo y negro, los colores de la Casa Habsburgo, con el escudo de armas imperial.
Junto al Cardenal de Viena, Christoph Schönborn, que transmitió las condolencias del Papa Benedicto XVI, concelebraron el réquiem obispos de países como República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, o Serbia, que en su día formaron parte del Imperio Austro-Húngaro. Los hijos del fallecido recordaron en la misa el compromiso político y el ideario de quien fuera eurodiputado de la Unión Social Cristiana de Baviera y presidente de la Unión Paneuropea. La familia Habsburgo al completo tomó la comunión y la ceremonia terminó con el canto del Salve Regina.

La vistosa ceremonia recordó la grandeza de la Austria imperial, regida por la dinastía de los Habsburgo durante 640 años. El templo de estilo gótico estaba abarrotado de público, con una guardia tirolesa enfundada en cuero, miembros de dragones de caballería, representantes de los gremios estudiantiles vestidos de negro y ceñidos con espadín, y otros integrantes de cuerpos castrenses que se remontan a siglos atrás. Cabe destacar la interpretación del Himno Imperial en honor del emperador como uno de los momentos de mayor trascendencia  durante la celebración.

Tras la ceremonia, el féretro con los restos de Otto de Habsburgo, acompañado por ocho caballeros de la Orden del Toisón de Oro, abandonó la catedral y recorrió los casi 3 kilómetros hasta el templo de la Cripta de los Capuchinos (o también denominado “de los Emperadores” o “Imperial”) escoltado por cientos de personas luciendo vistosos uniformes de época, así como trajes típicos de muchas de las regiones que formaron parte del imperio austrohúngaro, incluyendo zonas eslavas, algunas de Croacia y hasta de la hoy italiana Trieste. Dicho cortejo fue abierto por una compañía de honores del ejército austríaco que desfiló a paso lento a los acordes de una banda de música militar. Al atravesar la Plaza de los Héroes, entrada al conjunto del Hofburg (el antiguo Palacio Imperial) fue saludado por una salva de 21 cañonazos.

A su llegada a la cripta, se celebró la tradicional ceremonia en la que un chambelán llamó por tres veces ante la puerta del recinto funerario: "¿Quién solicita entrar?" -pregunta un monje desde el interior-, a lo cual los acompañantes del cortejo responden enumerando la cantidad de títulos nobiliarios del difunto. La voz desde el interior lo rechaza: "No lo conocemos". En un segundo intento, se mencionan los logros obtenidos en vida. Pero tampoco da resultado. Finalmente, la puerta al reposo en el más allá es abierta cuando el monje escucha del solicitante que es “un simple pecador”. Paso seguido, y en una ceremonia reservada a los familiares, fueron enterrados los restos de Otto de Habsburgo y su esposa en el lugar donde yacen todos los miembros de la dinastía que dominó Europa Central durante más de 600 años.
La tradición marca que el corazón de los miembros de la casa imperial se deposite en la iglesia de los Agustinos, en Viena, pero en el caso de Otto de Habsburgo, por expreso deseo suyo, fue enterrado en Hungría, la otra “mitad” del imperio, en la Abadía de Pannonhalma, a unos 100 kilómetros de Budapest.

La misma Austria que terminó con la monarquía hace 93 años fue la que quiso honrar al último miembro de la Casa Habsburgo respetando el ceremonial de antaño como muestra de reconocimiento al pasado imperial que, innegablemente, más allá de sus defensores y detractores, forma parte de su propia historia.
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