18Julio2019

EIP Magazine

Toledo ya huele a Corpus

Toledo es más Imperial que nunca, la ciudad vivirá el próximo 23 de junio su Fiesta Grande, declarada de Interés Turístico Internacional, y se convertirá en escenario de la procesión más bella y más rica del mundo católico, asegurando la admiración en  propios y extraños.

 

La procesión es un escaparate representativo de todos los estamentos de la ciudad, que participan según el orden y protocolo fijado por el Cabildo de la Catedral Primada, organizador del cortejo, que sigue escrupulosamente la antigüedad de sus integrantes y teniendo como epicentro del desfile al Corpus Christi. De forma que el protocolo viene marcado en dos partes. La primera, el seguido antes de la Custodia, de menor a mayor antigüedad en la fundación e integración al cortejo de los Gremios Hermandades, Cofradías y Capítulos, seguidas de las instituciones educativas vinculadas con la catedral y arzobispado; continuando, el  clero, tanto regular como secular, entre los que desfilará la Cofradía de la Santa Caridad. Y una segunda parte, más corta, que agrupa a las máximas representaciones empezando por la presidencia litúrgica del Arzobispo Primado con su séquito y tras ellos, las instituciones regionales, provinciales y locales, además de altas jefaturas militares, muy cerca ya del paso de la custodia.

Como cada año, y siguiendo también el protocolo, el Santísimo Sacramento deberá desfilar bajo palio, requisito que cumplen los miles de metros de toldos que serpentean por el entramado callejero de la carrera procesional. Los toledanos solemos decir que ya huele a Corpus cuando  cubren los aledaños de la plaza Mayor. Engalanar las calles es uno de los cometidos que requieren mayor preparación y esmero. Para ultimar cada adorno en su enclave preciso, trabajan los responsables de la Junta Pro Corpus, que será la encargada de preparar los reposteros, plantas, flores, guirnaldas de pino y boj, faroles de forja, antepechos y  demás ornamentos que lucirán en las fachadas del recorrido del cortejo. También los vecinos aportan su granito de arena vistiendo sus balcones, portales y ventanas con coloridos mantones de Manila, finas colchas, tapices y mantillas. Pero las estrellas son, como cada año, los tapices del Cardenal Porto Carrero, que se colocan por el Cabildo Catedralicio, en la madrugada del corpus, a eso de las cinco o seis de la mañana, sobre las fachadas de la Catedral desde Arco de Palacio hasta la calle de Sixto Ramón Parro. Una vez concluida la procesión, esta espléndida colección de piezas de grandes dimensiones e incalculable valor, volverán a ser recogidas y guardadas hasta el año siguiente. De madrugada también se esparcen por las empedradas calles la tupida alfombra de tomillo, romero, cantueso y mejorana que inunda Toledo de un aroma característico.

No podría terminar, sin hacer alusión a la “alhaja descomunal”, como llama Pérez Galdós a la pieza más relevante del desfile, la custodia toledana, obra de Arfe, que la concibió empleando ciento ochenta y tres kilos de plata y dieciocho de oro, con gran cantidad de perlas, esmaltes y pedrería, transformándolo en un total de siete mil quinientos tornillos, cinco mil seiscientas piezas y doscientas sesenta estatuillas de diferentes tamaños y una altura de dos metros y medio. Ella es la encargada de portar al Corpus Christi por las calles en un ambiente especialmente cuajado de color, arte, tradición y fe.

Sin duda una fiesta única, digna de visitarse y vivirse. Quedan todos invitados a la ciudad en la que su Corpus reluce más que el sol.

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