17Octubre2019

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El protocolo en las tomas de posesión

Recientemente los miembros del nuevo Gobierno español  encabezado por Mariano Rajoy, han jurado sus cargos ante el Rey Juan Carlos I. 
Pero, ¿cómo es el ceremonial protocolario de un acto de toma de posesión?
El protocolo de toma de posesión en nuestro país es una acto solemne, no muy extenso, con unas tradiciones que no han experimentado cambios con el paso de  los años, ni con los diferentes candidatos  que han a ocupado los cargos.
Tiene lugar en el Palacio de la Zarzuela, residencia oficial de los Reyes de España. En esta ocasión, junto a junto a S.S.M.M los Reyes y el presidente del Gobierno, se encontraban el ministro de Justicia en funciones, Francisco Caamaño, ejerciendo como notario mayor del Reino, el presidente del Congreso, Jesús Posada y el Presidente del Senado, Pío García-Escudero.

El jefe de Protocolo de la casa de la Casa del Rey, comienza con la lectura de real decreto por el que se nombra a Rajoy presidente del Gobierno, concluida la lectura el futuro presidente se aproxima a la mesa en el Salón de Audiencias, sobre la que se encuentra un crucifijo, un ejemplar facsímil de la Constitución y  una biblia del año 1791 abierta por el libro de los Numeros, como rige el ceremonial. Los ministros juran o prometen su cargo siguiendo el orden establecido para los ministerios en el Real Decreto.
El protocolo está regulado por un decreto de 1979 que permite elegir entre “prometer o jurar” el acatamiento a las normas constitucionales y lealtad al Rey, aunque no hace referencia a los símbolos religiosos, por los que estos nos están legislados. 
Jurar implica: “afirmar o negar una cosa, poniendo por testigo a Dios, o en sí mismo, o en sus criaturas", según el diccionario de la RAE.
Jurar por Dios requiere la presencia de sus símbolos, en caso de esta opción es lógica la existencia de estos. En  caso de la prometer el cargo,  el escenario sigue siendo el mismo,  esto es debido a la falta de legislación de los símbolos y quizá a la tradición.
En esta ocasión tanto Mariano Rajoy como todos sus ministros han optado por jurar el cargo, mientras que en su momento Zapatero prometió. Durante campaña electoral se le preguntó a Zapatero sobre ese tema, alegando éste que no era partidario de modificar un procedimiento que preside el Rey.
Una vez jurada la lealtad ante la Biblia, se jura ante la constitución, concluyendo así el acto.
Por último posan en diferentes fotos de familia para la prensa convocada.

El acto de toma de posesión no tiene carácter innovador, y prácticamente no varía de legislatura en legislatura. Eso sí, cada país tiene su ceremonial y protocolo regidos por diferentes criterios:
En el caso de Italia, el jefe de Gobierno y sus ministros juran en las manos del presidente de la República y ni ése ni otros actos relevantes conceden protagonismo a los símbolos religiosos.
Por otro lado en Reino Unido los diputados proclaman su adhesión a la reina y sus herederos. Es un juramento ante Dios todopoderoso, con un ejemplar del Nuevo Testamento en la mano.
En Francia no existe juramento ni ceremonia oficial de toma de posesión del primer ministro ni de los miembros del Ejecutivo. La estricta aplicación del principio del Estado laico impediría, en cualquier caso, la utilización de símbolos religiosos. La toma de posesión del presidente de la República tampoco tiene guión preestablecido.
En Estados Unidos, el presidente puede elegir si jura o afirma defender la Constitución. Pese a ser un estado laico, el electorado es mayoritariamente cristiano, así que la inmensa mayoría de los presidentes ha jurado con la mano sobre la Biblia, y a las palabras contempladas en la Constitución añaden una coda: Ayúdame, Dios. Pocos se han saltado esa tradición. Entre ellos, Theodore Roosevelt en 1901.

El acto de investidura del presidente de los Estados Unidos es uno de los más ceremoniosos del mundo, la repercusión mediática que despierta es tal, que se convierte en popular, llegando a las calles, a los ciudadanos.
En el caso del presidente Obama, hizo su juramento sobre la Biblia ante el presidente del Tribunal Supremo, en tanto que el vicepresidente  lo hizo ante el juez del Supremo John Paul Stevens. Estuvo amenizada con actuaciones musicales, una de ellas a cargo de Aretha Franklin, lectura de poemas e invocaciones religiosas.
Tras la jura, Obama pronunció su discurso de investidura,  que normalmente el presidente utiliza para sentar  las bases de los principios que regirán su mandato.
Después, Obama se desplazó en limusina a la Casa Blanca en un desfile en el que participaron más de 90 bandas de música, carrozas y grupos comunitarios.

Tradicionalmente el presidente recorre el último tramo y entra a pie en la Casa Blanca, que se convertirá en su residencia oficial durante los próximos cuatro años. El presidente saliente y su esposa reciben al nuevo matrimonio presidencial en el pórtico norte de la Casa Blanca.

Podemos concluir que la toma de posesión es un acto universal cuyas diferencias protocolarias quedan, en muchas ocasiones, condicionadas por la historia, la cultura y la sociedad de cada país.

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