La Masonería en Argentina

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la masonería “es una asociación secreta de personas que profesan principios de fraternidad mutua, usan emblemas y signos especiales, y se agrupan en entidades llamadas logias”. El término masón deriva del francés maçon (constructor, albañil) que tiene su origen en la Edad Media cuando el gremio de los constructores quiso resguardar los secretos de las monumentales obras de la época a través de un férreo hermetismo. Cuando esa época concluyó, la fraternidad pasó de “operativa” a “especulativa” y, a fines del siglo XVII, se convirtió en una agrupación de libre pensamiento basada en los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, conservando símbolos como el compás y la escuadra que imponen la equidistancia entre los hombres y la rectitud en el pensamiento y la acción.


Así como en Europa la masonería fue decisiva en la lucha contra las monarquías (motivando la revolución francesa, por ejemplo), sin duda alguna en la Argentina las logias tuvieron una decisiva participación en la independencia. Los orígenes de la masonería argentina se remontan a fines del S. XVIII cuando de manos de viajeros, comerciantes, militares e intelectuales, procedentes de Inglaterra, España, Francia y Portugal, difundieron las logias en América del Sur. Por aquel entonces, y teniendo como referencia la citada revolución francesa y la independencia de Estados Unidos, comenzó a circular la propaganda emancipadora que tenía como objetivo la independencia de las colonias españolas respecto a su metrópoli. La primera logia en territorio argentino fue la “Logia Independencia”, donde sus miembros se reunían en un local, conocido con el nombre de “Residencia”, situado en la calle Bethlen entre Defensa y Balcarce, ciudad de Buenos Aires.


Según el historiador de la Gran Logia Argentina, Nicolás Breglia, prácticamente todos los integrantes de la Primera Junta eran masones, y lo mismo sucede con los que declararon la independencia respecto a España el 9 de julio de 1816. Nombres como José de San Martín, Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Cornelio Saavedra, Juan José Paso, Juan José Castelli y Domingo Faustino Sarmiento, entre muchos otros, fueron masones y dedicaron sus vidas a trabajar por los ideales de la orden.
La “Gran Logia Argentina de Libres y Aceptados Masones” es la sede central de la masonería argentina en la actualidad, ubicada en pleno centro de Buenos Aires (Perón 1242). Su constitución data del año 1857 como resultado de la unificación de las diversas logias existentes en el país, eligiendo como primer Gran Maestre al Dr. José Roque Pérez, distinguido jurisconsulto, diplomático, hombre público y eminente filántropo. Hoy en Argentina existen 180 logias, principalmente en las capitales de provincia como en ciudades importantes, contando con alrededor de 13.000 miembros (iniciados) pero sólo 5.300 participan activamente en las asambleas.
Si bien el hermetismo que los rodea genera cierta inquietud y curiosidad entre los ciudadanos, hace algunos años los masones argentinos abren sus puertas a extraños. Según el Gran Maestre de la Orden, Ángel Jorge Clavero, la masonería no es una sociedad secreta, sino que mantiene cierto nivel de discreción. En una entrevista dada a La Gaceta, Clavero explica que “en algunos momentos de la historia, la fraternidad fue perseguida en forma encarnizada y, por lo tanto, sus miembros debían reunirse en secreto para evitar su exterminio. De esta forma pudo sobrevivir a las reformas europeas, al nazismo, al estalinismo, al franquismo y, en la Argentina, también al último gobierno militar, entre otros regímenes totalitarios. Hoy la masonería sigue siendo una mala palabra en nuestro país porque es sinónimo de libre pensamiento. Nosotros aspiramos a la búsqueda de la verdad apoyados por la razón. No aceptamos ninguna verdad revelada. Por eso todos los fanatismos nos combaten”. Tal como lo expresó en un artículo del diario El Ciudadano: “La masonería sólo aspira a enseñar a los hombres a pensar…El hombre que es capaz de pensar, que adquirió la virtud de reflexionar, está emancipado de presiones políticas, filosóficas o religiosas, y es capaz de formar su propio juicio de las cosas”. La masonería toma muy en serio la frase del padre de la modernidad, Immanuel Kant, que decía: “Ten el valor de pensar por ti mismo”, de ahí su afán de enseñar a sus miembros a que aprendan a pensar por sí solos dentro de una absoluta libertad de conciencia.


Según archivos de la masonería argentina, catorce presidentes de la nación pertenecieron a la fraternidad (Bernardino Rivadavia, Vicente López y Planes, Justo José de Urquiza, Santiago Derqui, Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento, Miguel Juárez Celman, Carlos Pellegrini, Manuel Quintana, José Figueroa Alcorta, Roque Saénz Peña, Victorino de la Plaza, Hipólito Yrigoyen y Agustín Pedro Justo), además de siete vicepresidentes y distintos ministros, escritores, periodistas, militares, artistas y  sacerdotes.  Con todo, Clavero aclara que no es la orden como tal la que participa en política sino sus miembros.
Uno de los temas de mayor interés de la masonería fue y es la educación, de ahí su participación en acontecimientos de relevancia como la generación de la Ley Nº 1.420 de enseñanza libre, gratuita, laica y obligatoria que rigió durante todo el S. XX en Argentina. Esta ley, también conocida como la “ley de los guardapolvos blancos” (donde el delantal blanco igualaba tanto al rico como al pobre y generaba una idea de justicia), fue propiciada por Sarmiento quien fuera en su momento Gran Maestre de Grado 33. Otro hecho relacionado con la educación con influencia masónica fue la reforma universitaria de 1918 que tuvo como objetivo acercar la universidad al pueblo.
La masonería, además de ser una institución esencialmente filosófica, filantrópica, laica y progresista, es iniciática, porque a ella se ingresa con un ritual de iniciación. En  Argentina, el rito más extendido es el denominado escocés antiguo y aceptado. "La ceremonia es una dramatización que se hace igual que la del siglo XVIII, donde simbólicamente al ingresante se lo lleva desde un estado profano a un ámbito diferente, sagrado", sostuvo Eduardo Callaey (historiador y miembro de la Academia Masónica). En la iniciación, el aspirante entra en el templo con los ojos vendados y atraviesa diferentes etapas donde los "hermanos" le hacen preguntas y le revelan los símbolos masónicos. Luego se le quita la venda y, cuando finalmente ve la luz, se ve rodeado por el resto de los miembros, que lo apuntan con sables, según describieron las distintas fuentes consultadas por el diario La Nación.
En dicho rito está presente el “ara” (altar) que se utiliza para que los iniciados lleven a cabo su juramento de cumplir con todos los valores de la fraternidad. Pese al silencio, ha trascendido la fórmula del juramento que viene de los comienzos de la masonería:  “Con esto juro solemnemente proteger bajo no menos pena de que me corten el cuello, me arranquen la lengua desde la raíz, o me entierren cerca del nivel del agua donde la marea sube y baja”. A partir de ese momento, los hermanos se comprometen a ayudarse entre sí y a conservar los secretos de la logia.
Según el sitio web de la Masonería Argentina, son requisitos indispensables para ser masón "ser hombre libre y de buenas costumbres"; mayor de 21 años, o de 18 años si es hijo de masón; poseer "inteligencia y cultura necesaria para comprender y practicar las virtudes masónicas" y "contar con medios de subsistencia para sufragar sus necesidades".


La actividad de las logias varía de acuerdo con la orientación. Algunas son más "especulativas", se dedican al debate filosófico, social e histórico, y otras son más "operativas", realizando acciones solidarias, elaborando proyectos, entre otras tareas. Respecto a los debates que se llevan a cabo en los “talleres de ideas”, hay una cualidad que debe ser observada por todo masón: la tolerancia. Tal como lo expresa Clavero, “debemos tener la fortaleza interior de aceptar que el hermano que está sentado al lado nuestro piensa distinto”, dado que en el seno de las logias conviven hombres de distintos credos y adhesiones políticas. Las reuniones pueden ser semanales o mensuales, y la mayoría de las logias porteñas se encuentran en la sede de la Gran Logia Argentina.
La masonería se sostiene por los aportes que hacen sus miembros, pagando una cuota mensual, aunque pueden dejar su condición de tales al renunciar o si son expulsados por el Comité de Disciplina. Sobre la identidad de los integrantes, es una opción personal reconocerse o no como masón pero nunca revelar los nombres de sus “hermanos”.


En el marco de su política de apertura, la “Gran Logia de Libres y Aceptados Masones” cobró presencia en la red, un medio impensado hasta hace poco para captar adeptos donde, además de su página web (en el que se halla la solicitud de ingreso), los masones argentinos cuentan con una revista digital llamada "Símbolo Net", un boletín electrónico y una biblioteca virtual, que incluye libros históricos, filosóficos y clásicos. Algunos miembros de las logias tienen páginas web personales y blogs, en los que también incluyen simbología y temáticas masónicas, aunque necesitan la autorización de la Gran Logia para operar. Según su Gran Maestre, “la masonería no tiene nada que esconder y sí mucho para ofrecer.”


Desde la aparición del libro "El Código Da Vinci" de Dan Brown, y con la apertura de la masonería argentina hacia la sociedad, diferentes medios de comunicación han abordado esta temática, inspirando a autores de telenovelas a incorporar las logias en sus argumentos (las dos telenovelas más exitosas de la televisión abierta argentina en la actualidad tienen como eje central a las logias), aunque apelando a la otra versión que siempre se ha sostenido de la masonería, muy distinta a la expuesta en este artículo.

 


Fuentes consultadas:
rae.es
lagaceta.com.ar
elciudadano.net
perfil.com
diariohoy.net
lanacion.com.ar
masoneria-argentina.org.ar
academiamasonica.org.ar
Programa: “Lo pasado pensado” (Canal 7)
Programa: “Telenoche” (Canal 13)

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