17Octubre2019

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El Protocolo, ¿una ciencia inútil?

Leyendo la curiosa definición que de arte da el escritor Torcuato Luca de Tena en su libro “Los renglones torcidos de Dios” ( ES LA CIENCIA DE LO INÚTIL),  se me ocurre que se puede aplicar a muchas otras cuestiones pero en particular a la visión que tengo del protocolo.

 

El arte, como el protocolo,  si nadie lo disfruta no tiene ningún sentido.

Así, podemos colegir que los distintos sistemas de organización que se utilizan en un evento, tienen como obligación ineludible, el que estén destinados a  transmitir algo a alguien.

Esto es sabido, pero ¿Cómo se consigue?

De la elección del mensaje (contenidos) que se quiere transmitir, de  los colectivos (invitados) a los que se quiere transmitir y del medio elegido (creatividad del evento) para transmitir dependerá el éxito de lo  que se organice, independientemente de la mejor  o peor utilización de las técnicas organizativas. ( dentro de un límite razonable, por supuesto)

No hace mucho me contaba un prestigioso restaurador, la espléndida organización de una cena para 1400 personas que se celebró en su negocio.

TODO FUE PERFECTO, me decía,

- La recepción de invitados y el control de entrada,  espectacular con el correspondiente dispositivo de azafatas y su más que correcta utilización de la base de datos de invitados.

- El sistema guardarropía para la  recogida de abrigos a todos (hacía mucho frío) se sucedió muy ordenadamente sin colas ni aglomeraciones.

- El paso  y la sucesión  del aperitivo, estupendo, ubicados todos en un salón a la medida y con una actuación de los camareros muy profesionalizada consiguiendo que los distintos pases de entremeses llegasen a todos, sin problemas.

- La ubicación en el salón de la cena con tal cantidad de personas, se sucedió de manera muy ordenada y en tiempo record, no habiendo ni una sola queja en cuanto a la misma, ya que no solo la ordenación protocolaria era perfecta, sino sus sistemas de indicación.

- La comida resultó todo un éxito a pesar de la gran cantidad de personas y las dificultades que en la cocina se presentan para sacar adelante un menú para tanta gente.

En fin, todo fue perfecto.

PERO……………….., me contaba,  TODO SALIÓ EXCELENTEMENTE MAL.

Aquí se  quedó callado, esperando mi respuesta.

Acepté el reto y le pregunté:

-  ¿ qué había salido mal?.

- Nada, me contestó, sencillamente que la cena fue un absoluto ABURRIMIENTO.

Todo salió bien, según las técnicas profesionales de organización, pero sin embargo, la cena pasó sin pena ni gloria, todo el mundo se aburrió. Se les notaba en las caras.

¿DONDE ESTÁ EL FALLO?,  me preguntaba.

Dándole vueltas a esta historieta, me  encontré pensando en el retorno que, de esa cena, esperaba la empresa organizadora.

La respuesta, fácil: NINGUNO.

El Protocolo aplicado en la  Organización fue INÚTIL  y, lo que es peor, el gasto empresarial, también lo fue.

Sinceramente,  por duro que pueda parecer, prefiero un fallo  protocolario,  que perder el objetivo del evento por el que se realiza.

El  protagonista  del libro de Luca de Tena, sostiene que cualquier manifestación humana que pretenda denominarse como artística tiene que cumplir con el requisito de que esa obra esté destinada a causar placer.  Si no es así, ya puede ser la mejor obra de arte realizada en la historia, que ¿PARA QUE SIRVE?

“En un objeto, que muestra determinadas utilidades, mantiene que  el arte no nace hasta el momento en que a este se le añaden accesorios, motivos o adornos que en nada contribuyen a mejorar la función del mismo y que van dirigidos únicamente a embellecer el objeto y con ello a causar placer. Desde ese momento cambia la naturaleza propia del objeto, de un elemento útil sin más, a una obra hermosa y artística, quedando, en los casos más extremos, olvidada la originaria”.

El ejemplo, es un salero, que en sí mismo, sirve para salar la comida, pero en el momento en que este salero es una escultura en plata labrada, se convierte en una obra de arte además que podemos disfrutar mientras hacemos uso de él.

Aplicando esta reflexión al mundo de la organización de eventos y el protocolo, nos encontraremos que para conseguir el éxito no basta una perfecta organización, sino que todo ello es inútil si no se inculca el evento con la NECESARIA CREATIVIDAD, que permita conseguir el objetivo para el que se organiza y por tanto obtener la mayor RENTABILIDAD posible.

De ahí que pueda exponer sin temor a equivocarme, que la profesión de Organizador de eventos, no solo puede consistir en la perfecta  aplicación de una serie de técnicas organizativas, sino en el aprendizaje de la suficiente sensibilidad para conseguir optimizar dichas técnicas.

Lo uno sin lo otro, harán de un acto EXCELENTEMENTE MAL ORGANIZADO.

Y esto sirve, sin duda,  para cualquier aspecto del protocolo:

“El protocolo de empresa, por bien hecho que esté, si no mejora la cuenta de resultados de la misma, ES INÚTIL”

“ El protocolo institucional, si no cumple con la misión de comunicar los mensajes que la  institución  quiere transmitir a los ciudadanos, aunque se realice con una elaboración perfecta, ES INÚTIL”

Lo mismo podríamos decir de los aspectos protocolarios de eventos deportivos, religiosos, sociales, etc.

En fin, ahí queda esta reflexión para el debate, pero ………………..

Por favor, no hagamos las cosas EXCELENTEMENTE MAL.

 

Gerardo Correas es CEO de la Escuela Internacional de Protocolo

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