18Julio2019

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La importancia del protocolo para la comunicación política

“El Protocolo es la plástica del Poder”, así lo definía el Molt Honorable Señor Jordi Pujol, uno de los políticos más emblemáticos de nuestra reciente democracia. La palabra “protocolo”, casi siempre por desconocimiento, es definida de mil maneras diferentes que poco se ajustan a la realidad.

El protocolo es una acción esencial del Estado. Del Estado emanan múltiples actos que necesita comunicar su significado (mensaje) y hacer participe al ciudadano. Estos actos son canalizados y desarrollados dentro de un marco de normativas, usos y costumbres que son los pilares principales del protocolo.

El primer texto de leyes relacionadas con el protocolo que se tiene referencia es el Código de Hammurabi, rey de la dinastía babilónica, en el siglo XVIII a.C.  En dicho Código se puede observar, de manera minuciosa, cómo se realizaba la ceremonia de coronación del rey de Babilonia. En otro punto se imparten normas de comportamiento para los funcionarios que aplican el protocolo. Se les recomienda que traten con cortesía a todos los ciudadanos del reino, cualesquiera que sea su nivel personal o social “porque todos los babilónicos, sea cual sea su situación personal y social, son hijos del rey de Babilonia”.

Los reyes han sido casi siempre anulados por un protocolo encorsetado y estricto que les aislaban de sus súbditos. Así pasó, por ejemplo, con Felipe III y Felipe IV para  llegar al extremo con Carlos II “el Hechizado”, que lo anuló literalmente de modo que éste rey no fue sino lo que el protocolo le permitió ser.

Muchos reyes cómo Salomón o el propio rey Sol, Luis XIV de Francia, demostraron al mundo su poder a través de un protocolo con gran pompa y boato. La misma reina de Saba visitó la corte de Salomón para comprobar todo lo que decían de ella quedando absorta por la comida, ordenación de la mesa, la etiqueta de sus ministros y uniformes. (I Reyes 10,1-13)

El protocolo y el mensaje político han ido siempre estrechamente relacionados. Es muy interesante el juramento que hacían los reyes ante los Grandes de España que eran hombre que poseían grandes extensiones de territorio y ejércitos. Los Grandes antes del juramento se dirigían al rey con ésta expresión: “Nosotros que somos como Vos y juntos más que Vos…” El mensaje era aplastante: el rey no era más que uno de ellos y si ellos querían juntos podrían derrocarle.

También podemos observar como la ceremonia de coronación de nuestros reyes ha ido evolucionando al mismo paso que nuestra configuración política.

Así, si antes los reyes eran ungidos y coronados, como en la monarquía visigótica y asturiana o prestaban juramento, en la Catedral, ante el prelado como en la monarquía leonesa, nuestro rey Juan Carlos I fue proclamado en las Cortes Generales, que era y es la Institución representativa por excelencia de la soberanía del pueblo.

Posteriormente, la Constitución española ratificada por referéndum popular el 6 de diciembre de 1978 le reconoció expresamente como rey de España.

El protocolo actual se ha adaptado a los nuevos tiempos siendo más flexible y razonable como así lo exige una sociedad moderna y globalizada.

Tras la transición española hubo una etapa protocolaria que se denomino “beligerante” debido al vacío de normativa. La normativa existente databa de los años 60 y lógicamente se encontraba fuera del ámbito constitucional. Los dirigentes políticos enviaban por delante a sus jefes de protocolo para que custodiasen sus puestos y preservasen su precedencia en los actos públicos. Esto nos demuestra que política y protocolo son dos conceptos inseparables.

En el año 1983, llega la denominada “paz protocolaria”  al aprobarse el Real Decreto de Ordenamiento General de Autoridades del Estado que contempla, además, diversos aspectos importantes para el desarrollo de los actos oficiales del Estado.

Pero,  ¿qué importancia tiene el protocolo en la comunicación política? A mi entender tiene mucha. El protocolo determina el puesto que debe ocupar un político tanto en la presidencia, “foto de familia” así como en el escenario general del acto. Asimismo, decide el orden de intervenciones, por ejemplo en un acto oficial, mitin, etc.  De nada le sirve a un político tener presencia pública sino sale en los medios de comunicación por estar fuera de “tiro” de las cámaras o por que su mensaje en los discursos se quede diluido o anulado como consecuencia de su situación en el orden de los parlamentos.

Dentro del ámbito del protocolo no podemos olvidar la negociación previa que existe antes de fijar las claves del acto. Esta negociación generalmente, requiere de una decisión política. Si concurren autoridades  de alto rango, casi siempre, aunque el real decreto determine la situación protocolaria, se intenta negociar la presidencia del acto, orden de intervenciones, quien recibe y dónde, etc.

Hemos leído y visto en medios de comunicación, muchas veces, como políticos relevantes se han ido de un acto por entender que el sitio protocolario que le han asignado no corresponde con su rango y representación. Y no sólo han tenido ese gesto sino que lo han transmitido a los medios de comunicación para crear polémica política.

El protocolo actual se ha adaptado a los nuevos tiempos siendo más flexible y razonable como así lo exige una sociedad moderna y globalizada.

Hoy en día no podemos separar, para que el mensaje político sea eficaz, protocolo de comunicación que deben estar coordinados aprovechando sus sinergias. Los profesionales de la comunicación deben saber explicar la veracidad del mensaje y acercarlo a los medios de comunicación y para ello es fundamental que los profesionales del protocolo les den las herramientas, contexto y canales necesarios cuando organizan los actos públicos. Un ejemplo negativo, poco rebuscado, sería querer trasladar en un acto un mensaje de austeridad y, sin embargo, ser confeccionado en la cena de gala un menú con platos sofisticados y de materia prima cara. El mensaje sería anulado obteniendo un resultado opuesto al deseado como consecuencia de una decisión protocolaria errónea.

La política está emparentada con el protocolo porque cada mensaje tiene muchos signos; todo tiene valor simbólico. Protocolo es en definitiva la liturgia del poder.

Para terminar les dejo una frase de Charles Maurice de Talleyrand (1754-1838), importante político y diplomático francés: “Sólo los tontos se burlan del Protocolo. Simplifica la vida”. Yo, diría que el Protocolo simplifica la vida de los políticos. Sin normas protocolarias la convivencia entre ellos sería muy difícil.

 

Fernando Fernández es Experto en Protocolo y Relaciones Institucionales

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